Hace tiempo publiqué en el blog los primeros escritos de mi hijo Daniel. Hoy quiero mostrar los primeros dibujos de mi otro hijo, Hugo. Los llamo “dibugos”, y los tenía guardados por ahí. Cuando los dibujó apenas tenía tres años. Su lengua era de trapo; coche para él era “ote”; padre, “paye”; rueda, “eia”; bicicleta, “eta”, y en su diccionario incipiente no existía la palabra tristeza. Me ayudó su madre en la interpretación, solo las madres saben interpretar al cien por cien ese idioma bisilábico incipiente de los hijos. Los padres, torpones casi siempre en estas lides, y en tantas otras, apenas si llegamos al diez por ciento. Debajo de cada dibujo escribí lo que él me dijo que había dibujado. Los primeros rayotes de un arquitecto.
Oca, eia cote, ten peo ma feio
Cote, boie
Cote ma ande, fiye
Queio tene eia