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lunes, 13 de marzo de 2017

Punto de fuga

Las líneas de goteros, los surcos, el perfil del cerrete, la vieja almazara, la montaña azul. Hasta la nube solitaria se alinea con el punto de fuga. El jovencísimo almendro, ya florecido, observa y cavila tratando de entender este arrejuntamiento de lo profundo con lo horizontal. Un punto de fuga que aquí no es una huida sino un encuentro siempre deseado.

lunes, 13 de junio de 2016

La cosecha del "abercoque"

La cañá, cargaíca este año.

El perigallo, igualico que el de hace 50 años, aquí no aplica la alta tecnología.

La cuadrilla, mezcla de lenguas y de canciones.

El viejo tractor, tan amortizado.

El transporte de los "palots" al muelle de carga.

El arrejuntamiento de los "palots"

Esperando al camión en el muelle de carga.

El sufrido agricultor pensando, como cada año, que no vale la pena repetir el año que viene, que pa cuatro perras chicas que le pagan a uno no es menester tanto esfuerzo, tanto esjarre, tanto azaón, tanto mirar al cielo pa que no caiga un nublo, tanto ver que se esfarata la fruta sin que los conserveros den un precio, tanto esperar 16 meses para que le paguen su trabajo, anda y que les den polsaco a tóos, hombre, que es que me cabrean, pijo.

lunes, 11 de mayo de 2015

El Cerro Gordo


El Cerro Gordo es aparentemente el más alto de los montes que enmarcan Caravaca. Pero es el de menor altitud. El hecho de ser el más cercano al pueblo le da esa falsa jerarquía (ya se sabe, la perspectiva que nos deforma y trastoca las mayordeces y las menordencias). Lo que sí es, doy fe, el más molesto de subir, por su elevada y contínua pendiente, constituída además, para mayor jodimiento, por zonas amplias de canchales de piedra suelta. Pero bueno, al llegar a la cumbre se le perdona todo. O casi. Su nombre, como todos los topónimos, está muy bien elegido: es un cerro gordo recortado contra un cielo casi siempre azul. Aunque a mí, desde zagal, siempre me recordó a un mamut dormido. No sería tampoco un mal nombre: el Mamut Dormido, me gusta.

Hace unos días lo he vuelto a subir. Por última vez, fijo. Con este incómodo monte ocurre que lo subes una vez, despotricando, llegas a la cima, to sudao, admiras el paisaje, lo bajas (incómoda bajada también) y cuando llegas a su base dices: "nunca más". Pero el efecto rechazo dura cinco años, al cabo de los cuales te vuelve a entrar el remusguillo, el por qué no, el qué bonito es, qué provocativo, los olvidos, los perdones... y vuelves a arrear p'arriba. Pero no creo que yo esté para muchos remusguillos y subimientos dentro de cinco años, ahora que todo empieza a bajárseme. Esta vez me he despedido de su pelada cumbre con una lagrimilla. O tal vez lo que sucede es que siempre escojo el camino menos inteligente para treparlo.

 Entre las piedras crecen numerosas plantas interesantes.
Como esta mata de tomillo (Thymus).

A media subida, masticando pulmón, hago un alto para admirar estas vistas hacia Peñón de Cieza, lejos, y montes de Calasparra más cercanos. La hora temprana y las brumas mañaneras añaden un no sé qué (¿magia?) al cuadro.

 El jaguarzo blanco, Cistus albidus, una joyita botánica de estas laderas, ahora en flor y con su bichito incorporado (una flor de jara sin bicho es una flor frustrada)

 Ya cerca de la cima, una mata de gamón (Asphodelus) estira el cuello hacia la nube en busca de ella sabrá qué. Quizás los Campos Elíseos, que según la antigua Grecia estaban cubiertos por esta planta.

 La cumbre, y el sol que la (me) saluda a través del velo de nubes.

 En el hito de la cima, de tu nombre que grabé enamorao perdío hace mil años, sólo queda una E tenaz, luchando contra musgos, erosiones, vientos, soles, distanciamientos... Siempre que la veo me pregunta por ti y no quiero contestarle; o le miento descaradamente.

 Ese monte pelao es el Calar de Mayrena, más allá los Siete Peñones y, al fondo, las sierras de Barranda.

 Ahí abajotas, el pueblo de Caravaca anunciando sus próximas fiestas. A pesar de lo temprano de la hora, ya se oía el coheterío convocando  aconteceres y divertimentos. Y yo aquí arriba, solo...

 Peña Rubia, donde estuve dos días antes, y Buitre.

 Esta es la foto seria, para la Prensa.

Y esta, más distendida, para los amiguetes, blogueros o sin.

Aquí, mi recorrido para wikilocos.

lunes, 4 de mayo de 2015

La Peña Rubia

Al sobrepasar Cehegín viniendo desde Murcia por la autovía, se abre ante nosotros una panorámica con Caravaca y su castillo en lo alto del cabezo y detrás, como telón de fondo, los montes que enmarcan el cuadro: el Cerro Gordo, el Buitre, la Peña Rubia, el Cigarrón, Siete Peñones, el Gavilán... De todos ellos, el que fija primero nuestra atención es la Peña Rubia por su belleza y altanería. Es una formación típica de las sierras calizas del sureste español, constituida por una crestería rocosa de acantilados rojizos que justifican su nombre: peña y rubia. Rubia sobre todo cuando le da el sol mañanero. Y amenazante: detrás de ella aparecen los "nublos" cargados de pedrisco que tanto daño hacen a los frutales en época de tormentas.

Hace pocos días he vuelto a subir allá "arribotas". Son ya tantas veces que a menudo pienso que soy un elemento más de este paisaje tan agreste y tan querido.

Empiezo por el antiguo "camino de los montadores". Piedra, marro y pendiente. Intransitable por fortuna para vehículos y para caminantes sin ilusión ni moral.

Al final del camino, la pendiente se suaviza y aparecen en el horizonte la Peña Rubia (izquierda), el Buitre (centro) y el Cerro Gordo (derecha).

Subiendo hacia la cumbre por una trocha pina y estrecha, 
la panorámica a nuestra espalda se abre hacia los Siete Peñones.

¿Cuál es la cima? Bueno, me quedo con las dos.

Desde la cumbre, vistas hacia la sierra de Quípar.
Caravaca con su castillo a la izquierda.

Sierras de Calasparra a lo lejos y Cerro Gordo (ahí subiré en unos días) 
Y la pista de tierra que serpentea hacia el Nevazo.

Bajé por el otro lado, dando un rodeo a la Peña, quería visitar las ruinas de un antiguo pozo de nieve situado en el Nevazo. Tiene unas dimensiones muy considerables y es una preciosidad. Reproduzco lo que se dice en la página web de la Región de Murcia sobre esta interesante construcción cuyo origen se remonta al siglo XVII: 

"A lo largo del tiempo, el pozo de nieve cumplió una destacada función de conservación de ciertos alimentos y en la preparación de líquidos refrescantes durante el verano. En 1608 se acordó la construcción de un pozo o casa de la nieve en lo alto de Peñarrubia, término de esta villa, propio del concejo. Sin embargo, la citada casa debió de destruirse pronto puesto que en 1626 se ordenó que se construyera otro pozo que se identifica con el actual. Al año siguiente ya estaba en pleno funcionamiento y, en los inicios del verano, el concejo regulaba la venta y el precio de la nieve. En 1755 se encontraba arrendado en 200 reales anuales. Desconocemos cuando se dejó de utilizar aunque su fin debió de llegar con la instalación definitiva de la fábrica de hielo de las Fuentes en 1925."

La fuente del Nevazo, un poco más abajo y que en esta época escurre 
un hilillo de agua que sabe a gloria.

Más adelante, una cabra montesa me mira pasar desde las faldas del Cerro Gordo, como despidiéndome, y yo le prometo que volveré muy prontico.

(Aquí, mi recorrido en wikiloc.)

domingo, 24 de agosto de 2014

Sed

Dos horas subiendo por senderos rumbo al collado de la Peña Rubia, calor sofocante aunque ya estamos casi en octubre. Jadeo y sudor. Sed.

Una mochila con equipaje escueto: frutos secos, unos prismáticos (nunca se sabe qué aves pueden aparecerse entre las peñas), y una botellica de agua. Agua… hay que racionarla, apenas un chupito cada media hora para humedecer los labios, aquí no hay manantiales. Una duda rasgando los recodos desgastados de mi mente ¿Seguir hacia arriba? ¿Dar media vuelta y volver a la sombra de ese pino donde me espera García Hortelano y una cervecica fresca? La decisión siempre es la misma: subir un poquico más, hasta la loma que se dibuja allá arribotas.

Y de repente… esto

¡Un chorrico de agua!, brotando de las entrañas de esta sierra reseca, casi un milagro. Me lanzo como un poseso, me acucuno y, más que beberla, la muerdo, la mastico como si fuera el último trago de mi vida. Saciado, me siento a su vera ¿una hora?, me gusta oír su canto, el único en este paraje solitario, aparte de las alegres charlas de un bando de mitos que he visto hace un rato revoloteando de pino en pino. Luego prosigo mi camino, refrescado por dentro y por fuera. Y a medida que el sol va pintando otra vez de sudor mi cuerpo, voy pensando que si en estas sierras hubiera mil chorricos como éste, sus ramblas serían ríos y mi querida y sedienta tierra no tendría casi que mendigar agua a quienes les sobra.


(Foto: la fuente de la teja, cerca de la cueva de la Barquilla)

lunes, 11 de agosto de 2014

La ventana

Curiosa formación producida por el viento en lo alto del monte El Puntal de la Ventana. Yo lo veo como el ojo pétreo de un cocodrilo que vigila el perfil de mamut dormido del Cerro Gordo.

miércoles, 23 de julio de 2014

Un paseo por mi sierra

La sierra es como un libro de la naturaleza abierto en el que no sólo puedes aprender a conocer plantas, sino también otras cuestiones no menos gratificantes.
Hace unos días anduve por mis queridas sierras murcianas, y saqué unas fotos que muestran algunas de las cosas que se pueden ver en la montaña, a poco que nos fijemos.
Cagadilla de ... ¿garduña? ¿otro mustélido? Compuesta fundamentalmente por semillas de enebro o sabina, futuros arbustos si alguna llega a germinar. En cualquier caso, preciosa cagarruta, estética pincelada escatológica en el maravilloso cuadro de la naturaleza.

Amor a la vida, este tomillo ha crecido en el hueco imposible de una roca caliza. Creo que es un Thymus longiflorus. Hay muy poco suelo para sus raíces, pero a cambio tiene algo más de humedad y protección contra las heladas, y menos competencia aunque se le ha colado otra planta como con calzador (nunca se me ocurrirá llamarla “mala hierba”, expresión injusta que habría que eliminar de la terminología vegetal) Espero que lleguen a un acuerdo y sigan juntas mucho tiempo sin molestarse demasiado.

Esta perdiz joven apeona entre coscojas y enebros. Incierto futuro el suyo. Espero y deseo que pueda alcanzar a contar a sus nietos las experiencias de su vida que apenas está comenzando esta primavera ¿Cómo se puede disparar contra cualquier clase de vida?

Por aquí ha estado hozando un jabalí en busca de no sé qué raíces o bulbos. Poco habrá encontrado en un suelo tan pobre. No anda lejos, su maravilloso olor salvaje se percibe nítidamente.

Las huellas espirales de estos fósiles muestran que esta sierra estuvo sumergida en el mar hace la torta de años. Hoy la sierra alcanza los 1.500 metros de altitud y está a 60 kms de distancia del Mediterráneo. Las huellas me recuerdan los ojos de una lechucilla que miran hacia el sur, añorando quizás su pasado marino.


(Fotos: sierra del Calar)

sábado, 19 de julio de 2014

Las Fuentes del Marqués

Mayrena en árabe significa "paraje de agua". Es asombroso que en un lugar tan seco como Caravaca haya dos manantiales como la "Fuente de Mayrena" (de la que manan dos "hilás" de agua hacia las ciecas que riegan los huertos), y las "Fuentes del Marqués", estas mucho más estrepitosas, con vocación frustrada de río, enclavadas en un precioso entorno de frescura y vegetación que ellas alimentan. Me sorprendió, cuando la supe, la etimología de "mayrena". Y es que los árabes sabían la importancia del agua, elevada en este caso a la categoría de protagonista y topónimo aunque solamente mane un chorrico. Un chorrico fresquico, fresquico que es una delicia beber a buchitos.


martes, 15 de julio de 2014

Camino de los Montadores

Este camino empinado sube desde el pueblo hasta la parte alta de la sierra. Lo utilizaban los hombres que trasportaban, a lomos de borricos, hatos de romero y otras plantas aromáticas para destilarlas en grandes calderas situadas en guinchas próximas al pueblo. Fabricaban esencias e impregnaban el campo de su olor. Al fondo asoma la Peña Rubia.

domingo, 4 de mayo de 2014

Los caballos del vino 2014

La música

Los mantos

La gente

La reina mora

Una amazona

Las zagalicas

El vino

Los zagalicos

... y el perrillo asustao.