lunes, 17 de febrero de 2014

San Apapucio


No soy aficionado a santorales ni devoto de ningún santo, santero o santurrón. Pero confieso mi debilidad por San Apapucio. Obró un solo milagro en su vida, milagro que, aunque conocido, relato a continuación. 

En aquel tiempo andaba San Apapucio por el desierto, donde se había retirado para hacer meditación y tratar de encontrar la Esencia. Retirarse al desierto, meditar y buscar lo Fundamental, lo Él, era necesario para alcanzar la santidad. Llevaba ya varios meses, quizás años, orando en soledad sobre las arenas ardientes cuando una mañana vio acercarse a dos mujeres desnudas –en el desierto sobra la ropa–, como él, que solo cubría su cuerpo con un sombrero para mitigar las calorinas del lugar. Púdico y casto como era –condiciones esenciales para alcanzar la perseguida santidad–, al verlas precipitóse a cubrir sus partes nobles con el sombrero, sujetándolo con ambas manos. Las dos mujeres se detuvieron frente a él y una le preguntó: «oiga, buen hombre, ¿sabe usted por dónde se llega a Palafrugell?». Apapucio levantó su brazo izquierdo y señaló en aquella dirección. La otra mujer preguntó entonces: «¿y por dónde a Bullas?». Apapucio levantó el brazo derecho e indicó hacia el otro lado. Y estando Apapucio con los brazos en cruz se produjo el milagro: el sombrero permaneció cubriendo sus partes pudendas, como suspendido en el aire, sin caer al suelo como exigía la ley de la gravitación universal de Newton. 

Como todos sabemos, y el que no lo sepa que se la lea, la Ley de los Milagros establece en un artículo que no me viene ahora a la cabeza que “un solo milagro realizado en la Tierra basta para que Él nos abra las puertas del Cielo definitivamente”, o algo así. 

Una vez ganado el Cielo en la Tierra y alcanzada la fama, Apapucio se dedicó el resto de su larga vida a golfear, escribir numerosos libros, recorrer el mundo dando conferencias sobre las vicisitudes pasadas en el desierto y las circunstancias de su milagro, e incluso asistía regularmente a los platós de las telele-visiones basura, que se lo disputaban ansiosas por conocer datos morbosos sobre aquellas dos mujeres que propiciaron su elevación a la categoría de Santo. Ganó mucho dinero y se entregó con auténtica fruición, como un poseso, a los placeres de la vida, olvidando su sombrero milagrero que jamás volvió a calarse en cualquier parte de su anatomía.

Yo, su más fiel admirador, conservo como tesoros dos objetos del gran San Apapucio: sobre mi mesilla, su libro best-seller de meditación “Memorias de un prepucio”, que consulto cada noche, y en el perchero del salón su sombrero milagrero, reliquia que encontré casualmente en el desierto del Sahel un día que andaba buscando gambusinos por allí. Ahora estoy pensando muy seriamente si desnudarme cualquier martes, calarme hasta las cejas el sombrero, sacar un billete low cost y largarme al desierto; que no me vendría nada mal alcanzar la santidad por los mismos derroteros que Apapucio la alcanzó.

(Foto: El sombrero de San Apapucio se eleva al cielo suspendido en palo de fregona)

17 comentarios:

  1. Eres genial!!! me he reído un montón :)
    Besito.

    ResponderEliminar
  2. jajajaaaa...Inteligente manera de lo resolverlo.
    No conocía este santo y me he ido a la Wiki ...Me gusta más la historia que tú cuentas de él con todas sus visicitudes, menudo negocio hizo:))))
    Sigue conservando sus objetos. Gracias por ese cielo que se ve detrás del sombrero ;)
    Buen lunes.
    Un beso

    ResponderEliminar
  3. Por cierto, Diego, no me has pagado el libro ese de meditación. Hazme el ingreso en mi cuenta, que la crisis me está dejando sin blanca. Te envío una bendición.
    San Apapucio.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. :D ¡Apapu, hombre de dios... y diosas!
      El sombrerito, aunque tenga ventilación, (como otro que me sé), mejor en la cabezota que el sol del desierto es muy nocivo para la piel de las ideas. :D
      ¡Y haz el favor de agarrar la fregona hasta dejar la arena limpita! :D Tú ¿crees que te pago para predicar en el desierto o en los platós de la telele? :D
      Santa Eduvigis, tu lectora más fiel... y más críticona :D

      Eliminar
  4. Eso se llama sutileza, maestría y chispa, para describir un hecho homérico que produce atacon de risa cada vez que se relee. Diego de mis entretelas pero que bonico eres .By the way con Ese sombrero sobre cielo de oleo levantino seguro que estas mucho mas guapo, incluso en el desierto de Kalahari, que con el verde de ciclista -cazador urbano.

    ResponderEliminar
  5. Y ¿crees Diego, que tan milagrero Santo, haría en mi el mismo portento que hizo en su cuerpo serrano?. ¿O tendré que viajar al desierto con la pereza que eso me produce?.
    ¿Sabes?. Mi borsalino en la cabeza y el resto por lo tradicional.

    ResponderEliminar
  6. Gata, el que es genial es Apapú, un crack irrepetible.
    Laura, el cielo es de mi tierra caravaqueña, comparable a los tuyos bejaranos.
    Apapú, ya te he hecho el ingreso. De nada.
    No creas, Iota, ligo más (pero poco) con el casco de ciclista que con el sombrero milagrero.
    Pedrice, con ese borsalino es difícil que alcances la santidad.

    ResponderEliminar
  7. Pues mira que yo le estoy cogiendo como un poco de manía al borsalino ese de los cocones que lleva ya un tiempo queriendo tocarme los cataplines. Casi que, más y mejor, me quedo con el de paja de ese santo de toda la vida.

    ResponderEliminar
  8. Y no me refería al borsalino de Pedrice, que toy segura que es cojonudo, le sienta como un guante y no importuna con él a ninguna chica :)

    ResponderEliminar
  9. Que san Apapucio te de hasta el fin de tus días la capacidad de tales milagros. Y, tu, hasta el fin de tus días , nos arranques una sonrisa.

    ResponderEliminar
  10. Gata, para sombrero el jipijapa. Yo tuve uno en Ecuador, Ligero, plegable, indestructible.Mucho mejor que los otros, dónde va a parar... :)
    Paradeliña, que Apapucio o Él te oigan :)

    ResponderEliminar
  11. Ya podías relatar unas cuantas vidas más de santos y santas. Quizás así, nos acercaríamos a la santa madre iglesia y ella estaría más en la realidad.
    Y con dibujos, porfi!!!
    Besitos, maravilla.

    ResponderEliminar
  12. Hola!

    Me ha encantado el relato, Diego :) Es que este San Apapucio era el mejor :) Estoy con Mª Jesús en sus deseos para contigo :)

    Besos para ti :)

    Más besos para los demás :)

    ResponderEliminar
  13. Virgi, rogaré a San Apapú que interceda por tu alma, que te veo muy disipada... Amén :)
    Bueno, Ana, ya soy dos, espero que vuestros deseos se cumplan. Otro amén para ti :)

    ResponderEliminar
  14. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJ Diego, abuelico, has conseguido hacerme llorar de risa y también hacerme creyente. Alabado sea el Dios que hace que los sombreros leviten, o que algunas cosas entre piernas leviten, alabado sea el ser humano jajajaja.
    Me ha encantado, estoy de acuerdo con lo que dicen por ahí arriba: queremos más vidas de santos (reales), de milagros que una pueda creerse.
    Un abrazo :)

    ResponderEliminar
  15. Dieguito :D ¡Qué San Apapu te conserve el sentido del humor por recocijo de tus seguidores y deleite de mis desayunos al volver de viaje!
    (¿dónde dices que se puede encontrar este libro milagroso?... ya sabes que soy aficionada a la lectura de la Vida de los Santos y a las ediciones raras. :D)

    Besotes de vuelta a este continente. (no bajé hasta el desierto del Sahel :D:D)

    ResponderEliminar
  16. Patricia, nietecica virtual, solo conozco la historia de Apapucio, pero haré los preguntaos para ver si alguien conoce alguna otra historia de santos. Me alegra que hayas vuelto. No me dejes solo tanto tiempo que aluego me desoriento y no sé volver :)
    Framboise, bienvenida tú también a tierras cristianas :) Y la próxima vez no dejes de bajar al Sahel :)

    ResponderEliminar